En medio del peor año futbolístico reciente de Colo-Colo, el ciclo de Jorge Almirón llegó a su fin —algo que se venía vislumbrando tras la goleada 4-1 ante Católica. Aníbal Mosa confirmó este domingo que el DT no continuará en el cargo, y que se despedirá de los jugadores durante el entrenamiento programado para esta tarde.
La desvinculación no es un rumor, sino una conclusión acordada entre ambas partes: existe un preacuerdo con Almirón para terminar la relación laboral en buenos términos. Se esperaba que la ratificación se concretara en una reunión extraordinaria del directorio de Blanco y Negro este lunes. Sin embargo, la internal división en la dirigencia y la ausencia de unanimidad por parte del Bloque Vial han postergado el anuncio oficial hasta el martes a las 15:00 horas.
Este retraso no es menor: prolonga una crisis institucional que pone en evidencia que las disputas de poder priman por sobre lo futbolístico. Edison Marchant, representante del Club Social, criticó con dureza la dilación: "es gravísimo no entender la urgencia", aseguró. La tensión entre sectores refleja la magnitud del conflicto interno de la concesionaria.
Mientras tanto, Colo-Colo entrena normalmente bajo la coordinación de Daniel Morón, en espera de que todo se oficialice y se nombre un interino. Héctor "Tito" Tapia, actual jefe de divisiones menores, corre con ventaja para asumir el cargo temporalmente, al menos hasta el Superclásico contra la U. La dirigencia busca que el interinato sea breve, mientras se decide el técnico definitivo para el cierre de temporada y el 2026.
Este episodio debe entenderse dentro del contexto del peor año reciente, que ha expuesto carencias deportivas, institucionales y de liderazgo. La derrota ante Católica fue el detonante, pero el freno a una salida ordenada revela una dirigencia paralizada. El oficialismo busca cerrar el proceso "armónicamente", pero el bloque opositor lo ha convertido en una teleserie que desestabiliza al club en un momento clave.
En resumen: Almirón se va, sí; pero su salida, lejos de ser un trámite, quedó enredada en el cénit de las diferencias dirigenciales. El golpe en cancha fue claro, pero el caos institucional es otra herida profunda que el club debe resolver para poder reconstruirse.